










El óxido de magnesio es la fuente inorgánica de magnesio más utilizada en alimentación animal, cuyo papel principal es aportar magnesio como macroelemento mineral, participando en la activación de más de 300 enzimas, el metabolismo energético, la transmisión neuromuscular y la mineralización ósea. En producción ganadera resulta especialmente importante para los rumiantes, ya que previene eficazmente la hipomagnesemia tetánica (tetania de los pastos), y al mismo tiempo, mediante la modulación de la diferencia aniónica-catiónica de la dieta, ayuda a las vacas en periodo de transición a controlar la hipocalcemia posparto; en monogástricos, el óxido de magnesio se emplea para mantener la salud ósea y el equilibrio electrolítico, apoyando el funcionamiento normal de nervios y músculos. Cabe señalar que la biodisponibilidad del magnesio del óxido de magnesio es relativamente baja, pero debido a su alto contenido de magnesio y bajo coste, sigue siendo la opción más generalizada en piensos compuestos completos; su adición debe ajustarse con precisión según la especie animal, la etapa de crecimiento y los niveles de calcio y fósforo de la dieta, ya que un exceso puede provocar diarrea o interferir en la absorción de otros elementos minerales.